Ser

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Por: Georgina Barrera

 

Nadie te cuenta que en las oficinas de la defensoría pública antes de asignarte un abogado te acomodan un espejo que te refleja desnuda ni que la entrevista inicial es tierra fértil para que todo el personal opine sobre tu situación legal.
Tampoco te advierten que ahí todavía no empieza todo.
Todo empieza después, cuando ves a tu abogado.
Ahí empieza el proceso: cuando descubres que la ley contempla todas las posibilidades al buscar la guardia y custodia de tus propios hijos.
Yo, neófita en los menesteres de lo legal en los juzgados y su corte, propongo inocente que el flamante hombre que mancuernaba mi mano izquierda sólo pague el colegio y los gastos médicos que yo me hago cargo del resto para que el abogado con sorna y mueca me diga “agradezco su entusiasmo pero no son así las cosas” y lo que queda plasmado en el papel es tan cruel y agresivo que dudé de su legitimidad en el marco jurídico del mismísimo Estado de México.
Mi vida empezó un curso lleno de sinuosidades en las que iba y venía durante 45 a 50 minutos de ida y otros tantos de vuelta hasta dos veces por semana para escuchar de términos legales y empaparme de un proceso que hasta el día de hoy no termino de conocer.
Ahí se cansa el bolsillo, el reloj y la paciencia. Volver en dos días, la próxima semana, mañana y así durante dos meses para ver una tarde salir a una jovencita de fresco aspecto y uniforme pistache muy entaconada quien me dice “vamos señora” y la llevo a entregar la demanda. Qué término para definir un cuadernillo lleno de perorata del código civil en la que solicito la disolución del vínculo matrimonial y la guarda y custodia de mi crío.
Ahí me di cuenta porque es tan complicado.
Mientras la castaña de tacones entraba al lugar a entregar un exhorto, yo me desmoronaba afuera creyendo que el mundo, ahora sí, se me iba a acabar.
Arranque el auto y paré en la primer pizzería que encontré porque tenía hambre y de la nada empecé a llorar con un sentimiento tan grande de alivio y fortaleza que no lo podía creer. Ahí deje de ser una señora que no podía pagar un abogado particular, dejé de ser la mujer que escuchó y creyó descalificaciones sobre sus actividades, profesión, gustos y persona para convertirme sólo en una mujer. Mientras lloraba, se me caía la piel que en el espejo me repetía “qué estás haciendo, estúpida, ya déjalo así, ya mantiene a tu hijo, si lo pone en contra tuya es cosa de él, si
lo vuelve un misógino ya no es tu responsabilidad” mientras lloraba sin descanso y sin vergüenza frente a todos los empleados y la gente entraba y salía del lugar, respiraba, me sentía inmensa, fuerte, única, Me sentía yo.
Ya no quería desaparecer de la faz de la tierra a quien fue mi pareja, ya no quería cambiar mi historia para siempre jamás. Sólo aceptaba que él fue quien fue y yo quien fui. Ni mejor ni peor sólo yo. Hoy soy quien soy gracias a eso y a pesar de eso. A nadie le interesa el culpable aquí, sólo queda vivir.

Tuve una historia de inmenso amor que permití que se convirtiera en pesadilla. No supe respetarme ni poner límites, primero, a mí misma, luego a quién fue mi compañero ni a mi propio hijo. Estaba dormida.
Desperté después de aceptar que a esa débil mujer del espejo la habitaba un monstruo imponente capaz de matarla pero también de redimirla.
No, no lo hago sola. Un Caronte con título de psicólogo y perito me ayuda a pulir el espejo, me lleva a todos mis infiernos y me arma para volver completa a este mundo. Una amiga a toda prueba me ha sostenido, me ha arropado para levantarme y me recuerda que tengo mucho que hacer y me lo demuestra cada día con su propia fortaleza y su propio monstruo, un hombre de mirada serena y voz templada me acompaña. Dos grupos de licenciados en ciernes me dan la energía para seguir y un puñado de personas que por momentos necesitan de mí. Una cofradía de
proscritos que empuñan letras y palabras me hace sentir siempre amiga y bienvenida con todo y mi monstruo, sin rechazarme. Un filósofo me recuerda mi origen y un actuario que sabe quién soy se convierte en mi sombra.
Si tú que lees esto me preguntas qué he logrado, es tan simple que asusta, todo este proceso es solo para lograr SER.

Paloma Cuevas R.

Paloma Cuevas R. es el resultado de una educación libre y sin trabas. Obtuvo una formación académica en Filosofía por la UNAM y en Enseñanza del Inglés por la UAEM. Es humanista y sapiosexual. Docente durante más de 22 años, columnista, escritora y locutora en temas de Cultura, Política y Erotismo. Corresponsal del programa “A Medios Chiles” de #LaPayolaRadio. Promotora y gestora cultural incansable. Madre y cómplice de los Tres Mosqueteros. Amante declarada de México, el buen café y la verdad sin anestesia. Cuenta con un par de libros publicados en colaboración con otros autores: “Nosotros también nos acordamos”, publicado por la Universidad Autónoma del Estado de México, y “Hacerle al Cuento” Antología de aniversario de Amarillo Editores. Colabora con UniRadio y es una humanista declarada. "La educación y la cultura son el más poderoso antídoto contra la violencia..."

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