Nos vemos en veintitrés años…

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Por: Paloma Cuevas R.

Alguien me preguntó la semana pasada, ¿Cómo reaccionarías si te reencontraras con el amor de tu vida 23 años después?, honestamente me declaro incompetente para contestar a esa pregunta. En este momento desconozco quién sea el amor de mi vida. Si hubiéramos de hablar de mis amores, sin duda alguna me dedicaría a definir todas las virtudes de los Tres Mosqueteros que sin el Lobo Feroz todos los días dan pinceladas de locura y un poco de cordura a mi vida.

Todo este preámbulo para comentar la indefensión del ser ante su sentimiento, ante la desnudez del alma que esto provoca, y la vulnerabilidad de la fachada cuando ante el ojo escrutador de los otros se enfrenta… cuando desprovistos de los afeites de la hipocresía nos encontramos frente a frente con el otro.

¿Qué tanto es capaz de expresar la mirada cuando miramos a quién no nos provoca nada? ¿Cambia acaso la expresión de la misma cuando nos miramos en los ojos de quien alguna vez amamos? ¿Es que de verdad el amor acaba, o donde hubo fuego una mirada es capaz de encender incendios?… Todas esas elucubraciones y tantas otras pasaron por mi mente cuando al abrir mi página de Facebook la semana pasada alguien me regaló un video en inbox con la intención de probarme algo… mi cinismo fue más allá cuando leí la pregunta: ¿Cómo reaccionarías si te reencontraras con el amor de tu vida 23 años después?, pensé deinmediato con un dejo de ironía : -“si fuera el amor de mi vida, sería el que está presente en ella, no alguien que desapareció hace 23 años, y además todo tiene fecha de caducidad, qué ridiculez pensar que 23 años después alguien se atreva a tener un efecto en mí.”

Entonces vi el vídeo, mis ojos se abrieron inconmesurablemente, estoy segura, (como cada vez que no encuentro una explicación “lógica” a algo y me doy a la tarea un tanto por inercia, un tanto por cinismo a investigar el “por qué” de las cosas… (Dejarías de ser filósofa…)

Entonces un click y tener frente a mí a esa impresionantemente hermosa Serbia llamada Marina Abramovic, ataviada con un vestido rojo… con intención de “no” llamar la atención al centro del MoMa el cual le dedicó una exposición de tipo retrospectivo llamada “The Artist is Present”, en la cual dedicó durante 2010 una retrospectiva a la prolífica carrera de Abramovic incluyendo aproximadamente 50 piezas de alrededor de 40 años de trabajo incluyendo piezas de sonido, videos, fotografías, performances en solitario y algunos con la colaboriación de Uwe Laysiepen (Ulay para los cuates) el gran amor de Marina, con quien creó mucho de su arte y a quien dijo adiós en una ceremonia de tipo performance elegantísima para dar por terminada una relación de 10 años que (enfrentémoslo la mayoría de las personas “cotidianas” no tendrán la oportunidad de experimentar), caminaron ambos 2,500 kilómetros desde extremos opuestos de la Gran Muralla China, al llegar al centro se abrazaron y se dijeron adiós. Esa despedida tuvo una vigencia de 23 años y con motivo de la retrospectiva de Marina y un video conmemorativo se vieron en NuevaYork, para limar asperezas y quedar como “amigos”, parecería que eso era todo, pero al estar Marina Presente, tal como lo anunciaba su retrospectiva y realizando un performance en el que cualquier extraño tenía la posibilidad de sentarse frente a ella durante un minuto y mirarse, observarse, beberse con los ojos o simplemente ser indiferentes, y al término del cual ella cerraba los ojos preparándose para el próximo extraño, realizando de esta forma una declaración del poder de la mirada, la sorpresa fue mayúscula y lo que le sigue en superlativos cuando frente a ella apareció ULAY, y al abrir ella los ojos, es imposible describir el cúmulo de sentimientos que se dejaron de manifiesto, el dolor, la pasión, la entrega, la felicidad, el perdón, la comprensión de todo lo que fue y no volverá a ser y las promesas que se entregan al batir las pestañas y dar todas las explicaciones y disculpas que el ego no permitió 23 años después… Ver rodar un par de lágrimas, verla sonreír y extender los brazos hacia su pasado materializándose en un presente de sesenta y tantos años…

Conmovedor, sensual y maravilloso… me atrevo a decir ahora sin temor a equivocarme que cuando el amor es verdadero traspasa los límites del tiempo y del espacio y ahora entiendo perfectamente esa frase en el “Drácula” de Bram Stocker : -“He cruzado océanos de tiempo para encontrarte…”

Una esperanza para los que aman y un rayito en la oscuridad del cinismo de los que nos hemos burlado de la existencia del amor en una forma tan pura…

Paloma Cuevas R.

Paloma Cuevas R. es el resultado de una educación libre y sin trabas. Obtuvo una formación académica en Filosofía por la UNAM y en Enseñanza del Inglés por la UAEM. Es humanista y sapiosexual. Docente durante más de 22 años, columnista, escritora y locutora en temas de Cultura, Política y Erotismo. Corresponsal del programa “A Medios Chiles” de #LaPayolaRadio. Promotora y gestora cultural incansable. Madre y cómplice de los Tres Mosqueteros. Amante declarada de México, el buen café y la verdad sin anestesia. Cuenta con un par de libros publicados en colaboración con otros autores: “Nosotros también nos acordamos”, publicado por la Universidad Autónoma del Estado de México, y “Hacerle al Cuento” Antología de aniversario de Amarillo Editores. Colabora con UniRadio y es una humanista declarada. "La educación y la cultura son el más poderoso antídoto contra la violencia..."

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