Joselo

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Por: Marifer Michel

 

     Marisa se pinta los labios con el color fuego, se polvea la cara con golpes rudos, parece buchona. Rocía más de la mitad del perfume sobre su escote, se coloca sus aretes favoritos y tacones amarillos.

 

     Mira la hora, faltan cuarenta y dos minutos. Solo lo ha visto en una aplicación de citas: Tinder. No tiene idea si realmente sea el de la foto y si su edad también sera real: 44 años; lo único que quiere es arrancarse el hormigueo que la sofoca.

 

     Marisa lo hace esperar casi una hora.  Al llegar al bar  la mayoría de los hombres como cavernícolas le chiflan, es tan evidente su tremendo escote y lo corto  de su vestido que apenas esconde su cuerpo, destinado a cazar godinez.

 

      Al encontrarlo lo observa como a un cuadro grotezco de esos que venden los hippies en Coyoacán.  Nada apetitoso, bastante sucio; parece que no se ha bañado en días y con un saco desgastado de los ochentas.

 

     Marisa se presenta y él  tragandose una hamburguesa y al mismo tiempo un puñado de papás le contesta el saludo, un minúsculo pedazo de carne vuela a la mejilla de Marisa, él no se disculpa, sigue comiendo. La pequeña mesa está llena de platos, entre ellos un pastel que pidió para ella.

 

     La pintura su oficio y  la conversación gira a ella. Que no expone en Bellas Artes o en Galerías de la Condesa, Polanco o Roma porque “eso” es pretencioso y el arte es simple. Marisa harta, en lo único que piensa es en que ella también tiene hambre, mucha hambre, desde el fin de semana no ha comido. Hoy es jueves. 

 

Marisa ha encontrado a su presa, solo falta aplicar la estrategia del lobo; tan fácil como abrir una cerveza:  Un pie debajo de la mesa, una caricia en la oreja, un susurro, guiño…

     Él un romántico en peligro de extinción.  Busca un amor cursi como en las películas “chafas de  Hollywood”.

 

      Al traer la cuenta él saca ciento cincuenta pesos  en monedas de su pantalón y las coloca en la mesa; su excusa que no le han pagado un cuadro. Marisa saca su tarjeta dorada, paga, deja el veinte porciento de propina y le regresa ciento treinta pesos, veinte para el valet parking.

 

Se dirigen a un motel.  En la habitación ella desata su instinto sin dejar que él tome iniciativa alguna, sin preguntar nada. Lo avienta a la cama, le quita la ropa y le exige que se bañe. Tiene razón; no lo ha hecho en días, lleva una hora bajo el agua, mientras Marisa  lee impaciente el menú de los jugutes sexuales; como niña pequeña va señalando todos los que ha utilizado, solo le faltan tres.

La espera le quita las ganas de aumentar otro a su larga lista.

 

     Marisa le desata poco a poco la toalla y lo lame como a un gato, cuando él quiere tocarla, ella  muerde sus labios, sopla su ombligo…  Marisa le  deja huellas ácidas  en el pecho. Ya se ha enredado con frívolas como élla , se queja y las compara con un chococrispis aguado, pero a la vez percibe como el amor es un cuchillo  que lo atraviesa  y es cuando su corazón se gangrena.

 

     Marisa le hace creer que es él el que  lleva el mando; el Capitán del barco.  Ella se deja hacer y deshacer como a una esclava.  Él a pesar de todo, gime, goza; a ratos cree sentir espasmos.

 

    Al acabar y  satisfacerse como lo hace un pirata después de encontrar un tesoro  Marisa saca un cigarro de su bolsa, lo fuma despacio, exhala la última bocanada, y amablemente pregunta:

   -¿Joselo, me dijiste, verdad?

Con una sonrisa , contesta:

-Me llamo Armando ¿nos volveremos a ver? Dime que sí, Marisa. ¿Lo volveremos hacer? Dime que sí, mi amor. Déjame pintarte y que seas mi musa.

Paloma Cuevas R.

Paloma Cuevas R. es el resultado de una educación libre y sin trabas. Obtuvo una formación académica en Filosofía por la UNAM y en Enseñanza del Inglés por la UAEM. Es humanista y sapiosexual. Docente durante más de 22 años, columnista, escritora y locutora en temas de Cultura, Política y Erotismo. Corresponsal del programa “A Medios Chiles” de #LaPayolaRadio. Promotora y gestora cultural incansable. Madre y cómplice de los Tres Mosqueteros. Amante declarada de México, el buen café y la verdad sin anestesia. Cuenta con un par de libros publicados en colaboración con otros autores: “Nosotros también nos acordamos”, publicado por la Universidad Autónoma del Estado de México, y “Hacerle al Cuento” Antología de aniversario de Amarillo Editores. Colabora con UniRadio y es una humanista declarada. "La educación y la cultura son el más poderoso antídoto contra la violencia..."

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