El triunfo del Porno Delfinido…

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Por: Francisco David Méndez Manzo

 

Cuando una delfina y un delfino se encuentran en medio del mar y se gustan, habrá jaleo. Se huelen como sólo en el agua marina se puede oler y las pieles se erizan de anticipación. La danza parece puro pop de caudas horizontales, pero cada giro que realizan nadando, uno alrededor del otro, provoca corrientes que se cruzan, se arremolinan, se estrellan contra las pieles de los amantes que acusan la caricia. Se tocan con el agua y se gozan, buscando la vibración acuática de su pareja.

Y mientras ellos se manosean sin manos con su tormentita de cachondeos, el mar todo se moja de caricias eróticas y se crece. Entonces otros delfines se unen a la fiesta girando alrededor de los amantes. Si tus ojos torpemente terrestres creen que los recién llegados son advenedizos que esperan su turno en esa orgía de agua salada, te equivocas. Toda la comunidad está ya teniendo sexo; su nado no es locomoción, es danza. Y como en esas raras ocasiones en las que bailar se vuelve arte, el movimiento de los cuerpos de nuestros sexosos delfines no es exhibicionismo estéril, sino generosa construcción del espacio alrededor de los cuerpos.

Así yo, amor mío, camino por las aceras llenas de cuerpos sin mares ni puertos en sus almas. Pero en cada paso quiero crear una corriente, un viento que te lleve mi caricia de delfín de la ciudad. Cruzo las calles sin caminar, pero danzando para que mis espacios alterados te toquen desde la distancia. Por eso no podemos estar lejos; vivo siempre acariciando tus pechos cuando subo una escalera, besándote los muslos si corro como si estuviera llegando al trabajo. En la pequeña escuela de delfines en la que construyo días, los jóvenes estudiantes no alcanzan a comprender mi danza, pero sienten en sus aletas la vibración de mis ganas de tu sexo y se alimentan con mi impulso vital. Y me reconocen como uno de los inventores de las olas y uno de los maestros de las mareas.

Algún día todos haremos el baile de los delfines y la gente no podrá ya ignorarnos. Cuando en el mar los delfines finalmente copulan, su unión ha sido bendecida por el mar y todas sus criaturas se llenan de la gracia divina de dos delfines que no se preguntan si el amor existe, pero quiere rezar con sexo. Hoy voy a comulgar con tus pezones y si dejamos abiertas las ventanas, las olas, las corrientes y las mareas se van a sentir en todo el mar metropolitano. Bailen, bailen, dáncense todos y no le pregunten su nombre, ni deletreen el suyo propio.

Paloma Cuevas R.

Paloma Cuevas R. es el resultado de una educación libre y sin trabas. Obtuvo una formación académica en Filosofía por la UNAM y en Enseñanza del Inglés por la UAEM. Es humanista y sapiosexual. Docente durante más de 22 años, columnista, escritora y locutora en temas de Cultura, Política y Erotismo. Corresponsal del programa “A Medios Chiles” de #LaPayolaRadio. Promotora y gestora cultural incansable. Madre y cómplice de los Tres Mosqueteros. Amante declarada de México, el buen café y la verdad sin anestesia. Cuenta con un par de libros publicados en colaboración con otros autores: “Nosotros también nos acordamos”, publicado por la Universidad Autónoma del Estado de México, y “Hacerle al Cuento” Antología de aniversario de Amarillo Editores. Colabora con UniRadio y es una humanista declarada. "La educación y la cultura son el más poderoso antídoto contra la violencia..."

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