Del #MeToo al Yo no soy víctima y qué…

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Por: Paloma Cuevas R. (Paloma Querida)

“La violación es un crimen, pero el coqueteo insistente o torpe no es un crimen, ni la galantería es una agresión machista.” Con esta declaración se abre paso un manifiesto dado a conocer la semana pasada por un centenar de mujeres intelectuales francesas, entre las que se encuentran Catherine Deneuve, Catherine Millet, Brigitte Sy, y otras tantas, quienes han expresado su preocupación hacia el puritanismo subyacente en el llamado
realizado por todos aquellos que apoyan al movimiento #MeToo en el que se insta a denunciar los abusos o acosos de tipo sexual, y que fue detonado por el caso de Harvey Weinstein, generando conciencia de la violencia que las mujeres viven en este rubro, específicamente en cuanto al acoso sexual en el ámbito laboral, que cosifica y silencia en pro de la permanencia en el centro de trabajo, sin embargo este tipo de empoderamiento cae en un extraña dicotomía, pues si bien “fortalece” a las mujeres como grupo, también las ha llevado a asumir una posición pasiva y de victimización ante los hechos.

El texto en sí ha llamado la atención porque rompe por completo con el esquema mediático que #MeToo había logrado al calificarlo de cacería de brujas, así como de exposición de figuras públicas que han sido juzgadas sin opción de defensa, por la equivocación de “tocar una rodilla, tratar de robar un beso, hablar de cosas “íntimas” en una cena de negocios, o enviar mensajes sexualmente explícitos a una mujer que no se sintió atraída por el otro”, esta declaración me parece por demás desafortunada, porque considero que quita el peso de la decisión de quien ejerce la acción además de que todas esas “conductas” se encuentran por completo fuera de lugar en una relación de negocios.

A pesar de estar de acuerdo con la frase “la seducción insistente no es un delito”, resulta por demás incómodo el que alguien, – quien quiera que sea – pretenda realizar avances de tipo sexual sin consenso del otro, o que en su torpeza haga sentir incómodo a aquel que en ningún momento ha dado lugar a ese tipo de conductas.

Las formas de galantería agresiva han sido históricamente parte de la forma de los rituales de las sociedades, como forma de imponer al más “débil” la dominación del “fuerte” – habrá a quién le guste y habrá a quién no – pero no puede negarse que el coqueteo es parte de los actos de cortejo tal vez a un nivel primitivo el cualqueda al descubierto ante toda esta ficticia promesa de evolución en la cual estamos perdiendo de vista elementos básicos, tales como la dimensión sexual y social del ser humano, a través de las cuales se realiza la reproducción, permitiendo además el desfogue de los sentidos y los deseos a niveles eróticos, como parte de la naturaleza humana.
Por supuesto debe existir una clara diferenciación entre el coqueteo y el acoso que “territorializa” el cuerpo de la mujer convirtiéndola en objeto de deseo y retirando de ella toda cualidad de ser humano, siendo entonces un objeto de uso y disfrute, aún a pesar de la incomodidad que ella le provoque.

Es evidente que no es lo mismo – en cuanto a los daños colaterales que genera – una víctima de violación que una víctima de piropo, sin embargo debe quedar muy claro que no son las palabras utilizadas, sino la intención con la que son proferidas además del contexto.

Uno de los riesgos – si no es que de las consecuencia palpables ya en la actualidad – de la excesiva observación de las conductas que antes eran consideradas “normales” es caer en la des-erotización de las relaciones entre hombres y mujeres, se ha llegado al extremo de tener que poner por escrito qué se consiente y qué no en relaciones sexuales casuales en algunos países europeos, retirando cualquier posible espontaneidad de los encuentros. Habría que preguntarse aquí hasta qué punto han sido abusadas las mujeres para llegar a estos extremos, más allá de satanizar las actitudes defensivas generadas por años de abuso sistematizado.

No debe perderse de vista que a lo largo de la historia el ambiente hostil que genera la sociedad heteropatriarcal y la perpetuación de sus conductas – en muchas ocasiones en el seno de la misma familia – ha sido caldo de cultivo de abusos, y al mismo tiempo de la utilización del capital erótico en un afán de lograr avances a nivel social, económico y laboral, lo cual tendría que hacernos voltear los ojos hacia el terrible mundo que hemos creado y que permitimos para tener que utilizar nuestra sexualidad como moneda de cambio para lograr objetivos de otro tipo. Aquí cabría hacer un análisis de los códigos culturales y una yuxtaposición entre el consentimiento versus el
deseo. 

Sobre el acoso me encontré esta joyita en el twitter de Tania Tagle: “Nunca le digas a una mujer en la calle lo
que no te gustaría que te dijera otro wey en la cárcel…” 

La perpetuación de los esquemas machistas tiene mucho que ver con lo que se aprende en casa y se aprende a partir de los "roles". La educación se da a partir de lo que se aprende con el ejemplo y en muchas ocasiones resulta un shock cuando se accede a espacios distintos, por ejemplo cuando se pasa de una vida en el campo a una vida en la ciudad.

El discurso superficial y “por encimita” en muchas ocasiones sataniza sin ir al trasfondo de las cosas. El acoso y el violentar el espacio del ser humano que sea más allá del género es por supuesto algo reprobable, sin embargo se debe tener mucho cuidado con los radicalismos mal entendidos e ignorantes.

No debemos pasar por alto también la existencia de violencia hacia los hombres, la cual también es muy salvaje y cruel. La perpetuación de la imagen del macho insensible debe ser muy dolorosa para aquellos que deben mantener ese tipo de fachada y al mismo tiempo, muy triste. Expresarse libremente en todos los sentidos es un derecho constitucional que sin embargo se ver coartado en muchas ocasiones por usos y costumbres.

Quien abusa es alguien que no respeta los límites del otro, y punto. En una sociedad que juega y vive flotando en la doble moral es difícil mantener una postura clara a riesgo de ser “juzgado” como radicales. creo que a estas alturas de nuestra vida la claridad es justamente el reto.

Me gustaría pensar que la forma en que educo a mis hijos será suficiente para que sepan relacionarse con otros seres humanos de una manera sana y justa, pero no es garantía de nada pues creo que a fin de cuentas esta situación es un tema de nunca acabar…

Espero que antes de dejar este mundo exista ya una sociedad capaz de dejar la radicalización de conductas, una sociedad en donde el cuerpo femenino no sea el campo de batalla donde la dignidad está en juego a cada momento y la perpetuación de la victimización sea una historia increíble, una sociedad donde se comprenda que los seres humanos somos el resultado de la responsabilidad que asumimos por los hechos que realizamos.

Paloma Cuevas R.

Paloma Cuevas R. es el resultado de una educación libre y sin trabas. Obtuvo una formación académica en Filosofía por la UNAM y en Enseñanza del Inglés por la UAEM. Es humanista y sapiosexual. Docente durante más de 22 años, columnista, escritora y locutora en temas de Cultura, Política y Erotismo. Corresponsal del programa “A Medios Chiles” de #LaPayolaRadio. Promotora y gestora cultural incansable. Madre y cómplice de los Tres Mosqueteros. Amante declarada de México, el buen café y la verdad sin anestesia. Cuenta con un par de libros publicados en colaboración con otros autores: “Nosotros también nos acordamos”, publicado por la Universidad Autónoma del Estado de México, y “Hacerle al Cuento” Antología de aniversario de Amarillo Editores. Colabora con UniRadio y es una humanista declarada. "La educación y la cultura son el más poderoso antídoto contra la violencia..."

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