Conversaciones en los Portales.

Comparte por favor:

 

El músico

Dionicio Munguía J.

 

No es nada fuera de lo normal el hecho de que 200 mil personas, más o menos, estuvieran el sábado 1° de octubre en el Zócalo de la capital, gritando o cantando en un inglés champurrado canciones que oímos, gozamos, intentamos cantar durante nuestra adolescencia, juventud y el inicio de la madurez.

Roger Waters fue uno de los pilares del grupo británico Pink Floyd, quien forjara toda una época del rock progresivo y diera al mundo discos de gran resonancia como el mítico A dark side of the moon, por mencionar alguno. Su presencia en México es relevante aunque ya no en la misma dimensión si hubiera venido en los años 70, o ya de perdiz en los ochenta, cuando todavía estaba en máximo esplendor como músico.

Esto no quiere decir que no lo este, pero es obvio que las habilidades de hace treinta años ya no son las mismas, a pesar de la madurez y la experiencia. Sin embargo, y reconociendo su ya largo recorrido dentro de la música, el nombre de Waters es garantía de espectáculo. Retomó fragmentos de los discos más significativos del Floyd, The wall, Animals y por supuesto del Dark side…, discos que representan una parte de la historia personal de muchos, de ruqueros, y de jóvenes que piensan que el Floyd es la neta, aunque ya un mucho pasado de moda.

Pero esta tarde no voy a hablar de música, sino de la actitud que el músico tomó en el Zócalo y en el Foro Sol. Una actitud política y contestataria, coherente con su arte, consciente del mundo que lo rodea y pensador de los problemas mundiales.

Los artistas, tengan o no una ideología política, deben ser coherentes con su tiempo y expresar su forma de pensar en donde se pueda. Aquilatar los problemas actuales y darles una interpretación en la cual, siempre será así, no estaremos o estaremos de acuerdo.

Mientras en el Zócalo, según las estimaciones más optimistas, cerca de 200 mil personas coreaban las canciones de Waters, al día siguiente, 2 de octubre (ni se debe olvidar), cerca de quinientas personas pedían una aclaración de la jornada, clamaban por los normalistas de Ayotzinapa, por los feminicidios constantes y la corrupción latente.

La conciencia popular ha cambiado con los tiempos. Las revoluciones ya no se hacen las calles sino en las pantallas de la computadora. Los revolucionarios actuales son fanáticos del Facebook, Twitter, Instagram, Tumblr y no sé cuántas redes sociales más existan. La revolución, querido Ernesto Guevara, es ahora un asunto de bites.

Durante todo el domingo, las adhesiones, likes, comentarios, links compartidos, incluso la noticia de la muerte de Luis González de Alba, uno de los líderes del movimiento estudiantil de 1968, llenaron la pantalla de la computadora. Hora tras hora me encontraba ese tipo de comentarios, imágenes, frases alusivas y no tanto, comentarios en torno al concierto de Waters y la poca asistencia al día siguiente en el Zócalo (mismo lugar, diferente circunstancia).

El discurso del roquero es interesante, pero no trascendente. Su opinión es importante tanto por lo que representa dentro de la música internacional, y como una figura pública con miles de seguidores. Era necesario que lo hiciera, porque de no haberlo hecho, sólo aquellos que viven su revolución en la pantalla se habrían pasado haciendo memes de lo no dicho (de todos modos los hicieron por lo dicho), pero de ahí no hubiera pasado a mayores. Nadie dentro del concierto se hubiera acordado (el público principalmente) porque no iban a por la política, sino que iban a por la música del ex integrante de Pink Floyd. Si Roger Waters hubiera decidido no hablar sobre Ayotzinapa, Ayotzinapa no se hubiera mencionado en un concierto de rock. Claro que es necesario que todos aquellos que son una figura pública se manifiesten ante los hechos de su época. John Lennon se manifestó contra Vietnam, del mismo modo que Elvis Presley se alistó en el ejército. Mientras el inglés protestaba contra la guerra, el americano le hacía el juego al imperialismo y se vestía de verde olivo.

Los líderes de opinión son necesarios en este tiempo. Cada voz protestando es necesaria en estos días revueltos. Pero seamos sinceros, los que fueron al concierto del primero de octubre en el Zócalo no iban por la política, sino por la música, o al menos, muchos de ellos.

Paloma Cuevas R.

Paloma Cuevas R. es el resultado de una educación libre y sin trabas. Obtuvo una formación académica en Filosofía por la UNAM y en Enseñanza del Inglés por la UAEM. Es humanista y sapiosexual. Docente durante más de 22 años, columnista, escritora y locutora en temas de Cultura, Política y Erotismo. Corresponsal del programa “A Medios Chiles” de #LaPayolaRadio. Promotora y gestora cultural incansable. Madre y cómplice de los Tres Mosqueteros. Amante declarada de México, el buen café y la verdad sin anestesia. Cuenta con un par de libros publicados en colaboración con otros autores: “Nosotros también nos acordamos”, publicado por la Universidad Autónoma del Estado de México, y “Hacerle al Cuento” Antología de aniversario de Amarillo Editores. Colabora con UniRadio y es una humanista declarada. "La educación y la cultura son el más poderoso antídoto contra la violencia..."

Deja un comentario